Perturbar. Perturbar es una palabra fuerte, fuerte como lo que estoy a punto de contar, mi historia, mi aventura, la historia de cómo he crecido por dentro; ésta es una historia que habla de un rayo de luz en un mar de oscuridad, una luz que consigue prevalecer siempre en medio de la tiniebla: la luz de Dios.
En la vida no esperamos determinadas historias; llegan veloces como un rayo y su efecto en el corazón es una tempestad, como una continua ebullición de una olla llena de agua salada: el agua, es decir, lo superfluo, se evapora, dejando en la olla la sal, el sentido de la vida, Dios. Todo empezó en unas sencillas vacaciones en la montaña con mi familia. “Tengo frío en los ojos” dije a mi madre. Al día siguiente, vi manchas en mi campo visual. Desde entonces, fui perdiendo visión hasta la consulta con el oculista, con el neurólogo y la resonancia magnética. “Las radiografías y los médicos están de acuerdo: hay que operar, probablemente la causa sea un tumor”. Mis padres y todos mis familiares estaban destrozados: lo único que puedo hacer es estar alegre para que ellos no se entristezcan más.
(…) No soy un vidente, y por tanto no puedo prever el futuro: los proyectos que Dios tiene para mí son todavía desconocidos. Pero de una cosa estoy seguro: todo el bien que mis padres, los médicos y tantas personas que nos han ayudado me ha conmocionado; me ha turbado entender cuánta misericordia y bondad tiene Dios con nosotros, cómo nos ayuda y nos quiere.
(…) El próximo enero deberé tener otro control en Alemania. El éxito del mismo es fundamental porque podría, en el caso de que el resultado fuese negativo, comprometer mi futuro. Todo eso, sin embargo, no me importa: Dios es como un gran diseñador que ya ha construido los caminos para nosotros, y seré yo quien elija cuál coger, pero estoy seguro que, bajo su protección, no cogeré nunca el camino erróneo. Esto es de lo que hablaba al principio: mi aventura ha hecho evaporar de mí el sentido de superficialidad, dejándome un renacer espiritual. Mi vida está con Dios.
Matteo Farina 1°A 17.12.2004

No! No, non arrenderti, affidati a Dio